Archivo mensual: marzo 2014

‘Infiltrados’ en acción a tiempo del telediario


Opinión, por Maribel Martínez*

La columna nordeste en el Hospital de Alcalá de Henares

Esta no es la nota que como coordinadora de prensa de la Columna Nordeste de las Marchas por la Dignidad me hubiera gustado escribir.

Tenía pensada otra, una mucho más alegre y festiva en la que contar la enorme y pacífica participación de más de un millón de personas venidas de todo el Estado para participar en la manifestación que ponía punto final a las Marchas por la Dignidad.

Porque este sábado y durante unas horas Madrid fue una fiesta ciudadana reivindicativa y pacífica. Digan lo que digan la Delegación del Gobierno, la sra. Cifuentes, la policía y esa caterva de voceros de prensa de la rancia derecha a los que les ha faltado tiempo para minusvalorar y criminalizar a esta ciudadanía harta e indignidad que este sábado se manifestó en Madrid.

Le pese a quien le pese, la de ayer fue una protesta ciudadana que marcará un hito en la historia de este país. Y lo fué porque la ciudadanos, pese a que ya no aguanta más, se comportaron digna y pacificamente durante todo su recorrido.

Este sábado y durante unas horas Madrid fue una fiesta ciudadana reivindicativa y pacífica

Fue un clamor, un grito unánime de más de un millón de personas reclamando cambios, pidiendo “pan, trabajo y libertad” como si la historia de este país no hubiera cambiando, como si en vez de en el siglo XXI esta fuera la España caciquil y pobre de finales del XIX.

Como participante en esas Marchas por la Dignidad durante todos estos días me he sentido muy orgullosa de mis compañeros, de quienes caminaron con nosotros por las carreteras de este país, pero también de aquellos que nos apoyaron desde casa y trabajaron para que estas marchas fueran una realidad. De los que nos dieron refugio, comida, cariño, solidaridad y un lugar donde dormir. Todas esas personas estaban ayer en Madrid. Unas vinimos andando, otras iban con nosotras en esos pies magullados, doloridos y en ese corazón henchido de emociones y solidaridad. Y muchas más, miles y miles, vinieron en los autobuses que desde las cuatro esquina de este país partieron a primeras horas del sábado para estar en Madrid con nosotros y participar en la gran manifestación final.

Una fiesta que las fuerzas del desorden, los energúmenos de siempre y esos infiltrados que sabíamos que había en la Manifestación se encargaron de reventar para que tuviera un final amargo.

Era evidente que este gobierno no iba a permitir una acampada, era conocido y comprobado el enorme despliegue de fuerzas que se concentraban desde días atras en la capital del estado. Sabíamos que las provocaciones y la represión indiscriminada, salvaje y gratuita estaría a la la orden del día. Y así fue, a la hora del telediario, -más clara la intención política imposible-, allí estaban las fuerzas del desorden repartiendo leña indiscriminadamente, respondiendo a pequeños incidentes puntuales con un despliegue de fuerzas inusitado y desproporcionado. Golpeando salvajemente y deteniendo de forma aleatoria a quien se cruzaba en su camino con el objetivo claro de asustar y amedrentar a la ciudadanía.

Se queja la delegada Cifuentes de que algunos de los policías están heridos, pero poco dice de los cientos de ciudadanos no contabilizados que también lo fueron, en muchos casos gente que asustada salía corriendo despavorida ante las cargas policiales.

Ayer la zona de los alrededores de Colón, con el baluarte de Génova fuertemente protegido, se convirtió en un territorio sin ley en el que las fuerzas del desorden se ensañaron con los ciudadanos. Ayer se golpeó y detuvo a los ciudadanos muy democráticamente, es un sarcasmo por si alguien no lo ha entendido. Sin distinciones de raza, edad, condición de manifestante o no, todos fueron objeto de golpes, fueron achuchados, amedrentados y algunos terminaron detenidos.

Este sábado el gobierno demostró que tiene miedo de los ciudadanos y ante una manifestación histórica respondió con su brazo represor al peor estilo de la época franquista. Impresionan las imágenes de las cargas policiales en la Plaza de Colon antes incluso de que terminara el acto. Mientras y de fondo se oía el grito unánime de miles de gargantas cantando “El Canto a la Libertad de Labordeta”. Que sarcasmo, miles de personas pidiendo libertad mientras las fuerzas de seguiridad cargaban contra los ciudadanos.

La muerte del expresidente Suárez no va a impedir que quienes participamos en las Marchas por la Dignidad sigamos protestando. Madrid era el destino de estas Marchas, da lo mismo si es en la capital del estado o en nuestras ciudades, vamos a seguir esa ruta que empezó hace ya muchos días, allá por los primeros de días de marzo.Vamos a seguir reclamando pan, trabajo, libertad y un gobierno que cumpla lo que promete. Y si no es capaz de hacerlo, que se vaya. Los y las de abajo, los ciudadanos somos el pueblo y a nosotros es quienes deben de rendir cuentas.

Este gobierno debería ir haciendo las maletas, tiene los días contados.

*Maribel Martínez, de las Marchas de la Dignidad de Aragón

Fuente: http://www.publico.es/actualidad/509829/infiltrados-en-accion-a-tiempo-del-telediario

Maribel Martínez: “Somos los pies y la voz de toda la gente que está trabajando en esto”


Este sábado, 22 de marzo, Madrid será el escenario en el que confluirán las ‘marchas de la dignidad’, una movilización ciudadana, unitaria y masiva, contra los recortes y todas las políticas que atentan contra los derechos humanos y la justicia social bajo el lema “Pan, Trabajo y Techo, ¡A la calle que ya es hora!”. Antes de que las marchas lleguen a su destino, algunos de los portavoces de las columnas de las marchas han pasado por el programa ‘Hoy por hoy’ para reivindicar y dar a conocer lo que vienen defendiendo desde su punto de partida y defenderán mañana en las manifestaciones. En el estudio de Radio Madrid hemos reunido al portavoz de la columna nordeste, Jesús DEnia, al portavoz de la columna levantina, Agripa Hervás y al portavoz de la columna andaluza, Diego Cañamero.

Fuente:http://www.cadenaser.com/espana/audios/maribel-martinez-somos-pies-voz-toda-gente-trabajando/csrcsrpor/20140320csrcsrnac_22/Aes/

Ofensas a España


JUAN MANUEL Aragüés 28/02/2014

Haciendo gala de su versión más casposa, retrógrada y neofascista, el Gobierno del PP decidió, a finales del pasado año, sancionar lo que calificó como “ofensas a España”. Con ello, el Gobierno coloca en su punto de mira a los que siempre ha considerado enemigos de la Patria, es decir, en su terminología, separatistas, especialmente vascos y catalanes, y rojos de toda condición. Todo aquel que no comulgue con su visión ultramontana del país, que no vibre ante la visión de la rojigualda, se encuentra en el punto de mira.

Creo que no hará falta precisar que a mí, la rojigualda, como enseña heredada de la dictadura franquista y enarbolada por los golpistas en la guerra civil, me resulta totalmente ajena, por decirlo suavemente, no vaya a ser que España sea muy susceptible y se nos vaya a ofender. La mayor parte de los símbolos que pudieran encarnar esa idea de patria que maneja el PP, la mencionada bandera, la Monarquía, poseen una carga ideológica tan evidente que a muchos no nos provocan sentimiento alguno de adhesión. Pero no creo que decir esto suponga ninguna novedad.

Sin embargo, sí hay cuestiones que resultan escandalosas. Algunas por infantiles, como esa pretensión de que un ente abstracto, España, pueda sentirse ofendido. Es evidente que quien se sentirá ofendida no es España, sino los que creen encarnarla, cosa muy diferente y harto peligrosa. No en vano, ellos son España. Otras, por ser la expresión de una profunda contradicción. Y a eso voy.

Quienes encarnan su idea de España en unos colores que gustan de llevar en la muñeca, o en un nombre que repiten con énfasis y embeleso, son, en estos momentos, quienes están contribuyendo de una manera más brutal a restregar por el fango la imagen de nuestro país. Quienes amenazan con sancionar expresiones ofensivas hacia España, denigran su imagen hasta límites insospechados.

Las muertes en nuestra frontera sur de inmigrantes indefensos como consecuencia de la actuación desproporcionada de los cuerpos de seguridad trasladan una imagen de nuestro país que provoca no solo sonrojo, sino verdadera indignación. Unos cuerpos de seguridad en manos de una dirección política de tintes fascistas, como la que encarna en primera instancia, incluso en sus rancias poses, Fernández de Mesa, y, más arriba aun, el ministro del interior, Fernández Díaz, pueden convertirse, como de hecho se han convertido, en un verdadero ariete contra los derechos humanos. Que quienes deben velar por el cumplimiento de la ley, me refiero a las autoridades políticas, desprecien de modo tan evidente la legalidad, nos coloca al borde del colapso como sociedad democrática.

Ofender a España. Desde mi punto de vista, no hay modo más eficaz para ello que promover el deterioro de su imagen. Algo que los presuntos defensores de la patria, encarnados por el PP, están consiguiendo a marchas forzadas. Destrozar sus servicios públicos, erosionar la democracia, atentar contra los derechos humanos, enfangarlo todo mediante una corrupción sistémica, son todas ellas formas de deteriorar su imagen.

Al PP, como siempre ha ocurrido con la derecha más rancia, solo le interesan los símbolos. Pero España, como cualquier país que se precie, no es un conjunto de símbolos, sino un espacio que merece, o no, ser habitado. Eso lo sabía muy bien Pericles, padre de la democracia ateniense, en cuyas famosas oraciones fúnebres por los soldados caídos en la guerra contra Esparta, ensalza a la patria señalando que Atenas, por sus libertades, por su riqueza material, por su cultura, merece ser defendida hasta la muerte. De eso se trata, de construir un país del que podamos sentirnos orgullosos: por su cultura, por su bienestar, por su fraternidad, por su libertad. Por el contrario, Rajoy y su gobierno están tiñendo de ignominia nuestro país. Ellos y sus actitudes son una verdadera ofensa para España.

Profesor de Filosofía. Universidad de Zaragoza

Fuente: http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/opinion/ofensas-espana_923892.html